TIEMPOS DE LA POESÍA, LOS

TIEMPOS DE LA POESÍA, LOS. AYER / HOY

Editorial:
ABADA EDITORES
Año de edición:
Materia
Filosofía
ISBN:
978-84-96775-59-6
Páginas:
208
Encuadernación:
Rústica
Colección:
Lecturas de Filosofía
$ 438.00
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El arte, y muy especialmente su portavoz y catalizador: la poesía, tras el veredicto hegeliano que lo había condenado irremediablemente al pasado por lo que respecta a su servicialidad (el arte entendido como instrumento para poner ante los ojos la belleza en que se transparenta lo Divino, el Poder o el Hombre), y tras ensayar a fines del siglo XIX su propia exaltación como «ars gratia» artis, ya no puede siquiera refugiarse, como ayer lo hiciera, en la compensación de la confesada extrañeza del hombre respecto a la posibilidad de habitar la tierra confiando en cambio en el poder de la palabra y de los respectos cósmicos que en ella resuenan (en «Los tiempos de la poesía», son Rilke, Proust y Borges los mentados como nuestro ayer). Hoy, en el hoy que los hombres merecemos, la poesía se encamina al son, a la aspereza o al ruido de las cosas resto, de las cosas que se niegan a ser significativas, concentrando, transmutando todo ello a través de la respiración y jadeos del cuerpo de la palabra. En la gran poesía actual, ya no erguida cual flor del mal sobre los escombros del sentido, sino (des)compuesta por esos mismos materiales de derribo, sería tan frívolo y desesperadamente anacrónico el querer cantar a la experiencia cotidiana de la buena gente como patético y grandilocuente el empeñarse en escarbar en los hondones del significado, ya sea para encontrar no sé qué tesoros escondidos «là bas» o para deplorar su falta. Vincenzo Vitiello no cae en esta última tentación, la más peligrosa de todas: sentir melancólica «pietà» por lo ya sido, la «compasión» ante la miseria hodierna. Como si el arte, como si la poesía fuese cosa de sentimientos (buenos o malos). Frente a ello, Vitiello vuelve su mirada (diríase que estriada, como en Celan) y ofrece su palabra (hendida, como ya campeaba en el primero de sus libros traducidos al castellano: «La palabra hendida», Barcelona, 1990) a esa poesía henchida de sabor a tierra, a piedra y a hierba, y cercana en su carácter esquivo y a las veces críptico a nuestra animalidad, perdida ya desde siempre: al animal que nunca fuimos y que siempre podríamos haber llegado o estar llegando a ser. De ahí que el tiempo que es Hoy de la poesía venga localizado (tras un intermezzo teológico-político) por Gadda, Celan y Zanzotto: allí donde se hace la experiencia liminar de la vecindad entre los cuerpos lacerados de la historia y las palabras machacadas, trituradas por un lenguaje en el que se dice la Muerte pero a cuyo través, y como a contra-tiempo, también, se insinúa una dureza insospechada, una resistencia sorda, absurda, contra toda instrumentalización de las plurales palabras de los hombres.

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