¡SANTAS INCUBACIONES!

¡SANTAS INCUBACIONES!. SEIS NO-RELATOS

Editorial:
HEKHT LIBROS
Año de edición:
Materia
Narrativa Iberoamericana
ISBN:
978-987-46481-1-2
Páginas:
110
Encuadernación:
Rústica
Colección:
Incandescencias
$ 180.00
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Bestial y refinado, curtido por una miríada de flashes —la oscuridad no es más que la retina en proceso—, danzante y reubicado en cualquiera de sus no-formas, sea naKhlah Khan, ná Khar Elliff-ce, naKh ab Ra, Elina Khar (*, naKaZar, NaKaZahara, naKhaB, Karel Nu, incluso Khatarnak & Khabandar y tantas de las otras que fueron o serán, quien escribe desenmascarándose sabe, como Alan Moore, que el gran acto mágico es decidir si vas a vivir en tu propia ficción. No existe magia (flujos de conjuro) sin palabras: alfabetos reordenados por los sueños, visiones tan apócrifas como labios en llamas. “No necesito narrar, suponer o adiestrar las imágenes para que luzcan como acontecimientos” —dijo mi maestro, MaAl— “simplemente me dedico a exprimir unas cuantas palabras, no muchas, para que resuenen como una melodía”. ¿O acaso por alguna otra sinrazón mientras sigo las frases vuelvo a escuchar ese continuo de sonido que György Ligeti denominó Atmosphères? Légkör, en húngaro: el ambiente, la gélida temperatura de los soplos —souffles— que Pierre Klossowski enseña en las radiaciones de su Baphomet: todo plot no es más que un com-plot. Soplos: “Tres veces de Aquilón el soplo airado / del verde honor privó las verdes plantas / y al animal de Colcos otras tantas / ilustró Febo su vellón dorado”. En estos versos, fechados en 1585, Góngora ubica al mitológico dios de los vientos septentrionales privando de color a un animal de la Cólquida, Colca, Colquis o Kolquis —nombres que varían según los siglos y costumbres— reino que fuera destino de los argonautas. Un animal, uno sólo, el escogido. Podríamos ahora parafrasear a Moore y entonces decir: el gran acto mágico es decidir si vas a vivir leyéndote en esas ficciones que sólo son propias porque provienen del más allá del tiempo. Sin embargo, hace falta aclararlo; Karel Nu, SHYR, naKaZar, Umbanda Jackson, incluso Peralta Ramos (que no es huevo gigante, sino balneario): cualquier ficción será mitológicamente y fatalmente autobiográfica, en el enjambre de formas de los soplos en palabras —puedo dar fe, estuve algunas veces ahí—. Soplos, a los que Klossowski también llama murmure o coup. Murmullo, murmurado, susurrado, como un mínimo silbido que deviene frecuencia, onda, vibración. Soplo: “oublieux d’avoir jamais eu un corps”. O bien: “Para que haya asesinato debe presentarse un cuerpo en evidencia; el resto son palabras” (Massimo Bontempelli).

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