No son héroes y tampoco son anónimos. Tienen nombre y apellido y su única arma es su equipo fotográfico. Dependen de su capacidad, profesional y humana, de su entereza, de su valentía, de sus contactos informativos y de saber apretar el obturador de sus cámaras en el lugar preciso y en el momento exacto.
Cada mañana los fotógrafos de Proceso, salen a recorrer la Ciudad de México y sus alrededores a la caza de la enfermedad, de sus víctimas, de las calles desoladas, de las familias enclaustradas, de los hornos ardiendo con restos humanos; de la pobreza exacerbada, de las funerarias atestadas, de los vendedores que no venden, de las tiendas cerradas, de los restaurantes fantasmales…