ORACIÓN DEL 9 DE FEBRERO

ORACIÓN DEL 9 DE FEBRERO

Editorial:
EDICIONES ERA
Año de edición:
Materia
Biografías
ISBN:
978-607-445-204-4
Páginas:
80
Encuadernación:
Rústica
Colección:
$ 151.00
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La oracion del 9 de febrero, de Alfonso Reyes, es una de las piezas mas perfectas y conmovedoras en la historia de la prosa hispanoameriicana. Testimonio de amor fiilial y de distancia irreparable Alfonso Reyes la empezó a escribir en Buenos Aiires 17 años después de la muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, quien se expuso, heroico y suicida, a morir ametrallado a las puertas de Palacio Nacional, durante la decena trágca. No juzga Reyes en su padre al mlitar levantisco que no se avino, primero, a la decisión del dictador Porfirio Diaz de apartarlo de su sucesión ni, después, a la lealtad debido al gobierno democrático del presidente Madero. Temprano por la mañana del 9 de febrero de 1913, el general Bernardo Reyes, frustrado aspirante a hombre fuerte de México, fue liberado de la prisión de Santiago Tlatelolco para que se pusiera al frente de aquella asonada que volvió ineluctable, radical y sangrientísima a la Revolución Mexicana.La muerte del antiguo gobernador de Nuevo León puso fiin, ese día aciago, al Antiguo Régimen.
Alfonso Reyes, tan alejado en temperamento de su padre -disonancia emocional que es uno de los temas nada secretos de "La oración del 9 de febrero"-, hubo de marcharse al destierro, manchado por un pecadoo ajeno, del cual volvería convertiido en el mas grande escritor mexicano de su tiempo. En un ejercicio de altísima retórica, la que había estudiado en sus fuentes griegas, Alfonso Reyes encaró su orfandad largamente meditada e hizo de su hermoso, distante y errático padre un cómplice reconfigurado gracias a la ternura y, desde luego, a la muerte tan estrictamente trágica que el general eligió.
Muchos de sus lectores hemos osado acusar a Alfonso Reyes de fría y desdeñosa indiferencia por haberse refugiado en una amabildad libresca ajena a la ansiedad romántica y a la violencia de los siglos.
Sabio en aquello en que cabe serlo, el contraste entre la vida y la muerte, lo temporal y lo eterno, Alfonso Reyes dispuso la publicación póstuma -llevada a cabo por Ediciones ERA en 1963 y en una ediición a la que se agregaba, como se hace ahora, el facsíimil del manuscrito- de esta "Oración del 9 de febrero" para responder, implacable y generoso, a la ofendida impaciencia de sus críticos.
Cumplidos 100 años de la Decena Trágiica y del sacrifcio del general Bernardo Reyes, esta oración, más laica que reliigiosa, y más pagana que cristiana, acaso deba ser saludada por los nuevos lectores de Alfonso Reyes como el pórtico de toda una enorme obra que, mal tolerada, desdeñada e incomprendida, es una de las muestras más fieles de civilización -runa y hogar, monumento y paraíso- que nuestra literatura le puede ofrecer al porvenir.

Christopher Domínguez Michael

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