La Commedia dell’arte se basa en la improvisación metódica. Este espectáculo adquiere cuerpo mediante un gran número de canovacci (un conjunto de instrucciones que definen la acción y el contenido de las diferentes escenas en el montaje) que se inspiran en la actualidad social con personajes de tipología fija. Se le considera el teatro profesional de la Edad Moderna y de este género, nacido en el siglo XVI, se derivan patrones de conducta aún vigentes.
Federico Vite toma esas referencias teatrales para ofrendarle a los personajes de un canónico programa de la televisión mexicana, La carabina de Ambrose Bierce, una vida nueva en los convulsos oleajes políticos, económicos, sociológicos y artísticos de los años ochenta del siglo pasado. Esa realidad textual va más allá de un set y de un equipo de producción, potencia significativamente las preocupaciones esenciales de un país que se queja de las dolencias harto conocidas: abuso de poder, negligencia gubernamental, corrupción, inseguridad y, sobre todo, falta de creatividad en la pantalla chica. Por deriva, estos personajes instan a la crítica de la pobre propuesta del arte nacional. Pero debe destacarse que la preocupación estética de este volumen vertebra una pregunta: ¿es posible otro tipo de comedia televisiva en el que la mujer no sea un objeto sexual y en el que los hombres no se aprovechen de sus privilegios?
Estos cuentos proponen una respuesta que busca la fusión de la alta cultura y la cultura popular. Esta mixtura, a ratos esperpéntica y a ratos también naturalista, logra el propósito de enunciar círculos viciosos y de abrir puntos de inflexión humorista; pero el objetivo primordial es la connivencia a la sonrisa.
Commedia dell’arte propone narrativamente el disfrute de otro tipo de inteligencia, la que se ejercita poco en este país y a la que escasos autores ingresan con suficiencia.