PARAÍSO DEL BUFÓN, EL

PARAÍSO DEL BUFÓN, EL

Editorial:
MANTARRAYA
Año de edición:
Materia
Novela histórica
ISBN:
978-968-7019-61-1
Páginas:
216
Encuadernación:
Rústica
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En 1881, México se recuperaba de sus pasadas guerras y con el propósito de allanar huecos agrícolas que dejaron sus cuantiosas pérdidas humanas, el gobierno que comandaba el general Manuel González, entabló pláticas con su homólogo de Italia, país que en ese entonces resentía la furia de la naturaleza con fuertes vientos y torrenciales aguaceros que devastaron la producción de sus campos.

El plan del gobierno mexicano era aprovechar esas circunstancias y ofrecer a los campesinos más aptos e identificados de la alta península, tierras idóneas para que fueran colonizadas por ellos.

Así, el 26 de Enero de 1882 zarparon de Génova en un buque de vapor llamado Messico, 300 familias compuestas por más de 1600 italianos de la alta península, entre ellos doña Francesca Tarnovo viuda de Bardasano de 26 años de edad y sus hijos José y Eugenia de 10 y 8 años respectivamente.

Arribaron al puerto de Veracruz el 25 de Febrero del mismo año.

De ahí se trasladaron a Orizaba y se formaron tres grupos: piamonteses, vénetos y tridentinos.

Los primeros salieron a la colonia Porfirio Díaz del estado de Morelos, los vénetos a Chipilo en el estado de Puebla y los tridentinos que era la tribu donde pertenecía doña Francesca y sus hijos a Valle del Maíz en el estado de San Luís Potosí.

100 Familias de tridentinos escoltados por un coronel y nueve soldados de caballería, salieron vía Tantoyuquita en 28 carretas y una recua de mulas.

En medio de mil vicisitudes llegaron a Valle del Maíz el 16 de Octubre de 1882, habían dejado en el camino a tres muertos por inanición y 25 por paludismo, entre ellos a Eugenia la hija de Francesca.

Tomaron posesión de un terreno de 5,000 hectáreas llamado “Ojo de León” y después de seis años de infructuosos esfuerzos, los colonos estaban abatidos, pues en todo ese tiempo la naturaleza fue inclemente por sus prolongados aguaceros y dilatadas sequías.

Algunos optaron por regresar a su lugar de origen, otros insistieron en esperar tiempos mejores y los menos se dispersaron por caminos inciertos.

No así Francesca y José que se habían forjado metas, sabían que de este lado del mar estaba la tierra prometida, solo era cuestión de encontrar el sendero.

Y andando de compras en Valle del Maíz les llegó el rumor.

Era Tampico, se hablaba de una urbe que crecía con el empuje de un modernista Porfirio Díaz y que calzaba sus caminos con rieles de acero.

Algo olfatearon más allá de eso, porque a partir de ahí, dormidos y despiertos veían a Tampico sin conocerlo.

A principios de 1888, Francesca y José abordaron en Valle del Maíz una de las diligencias públicas con rumbo al puerto y a los 14 días de nefastos ajetreos por fin llegaron a la Terminal de carromatos y diligencias en la plaza de los arrieros.

Pronto estaban debidamente instalados, José se colocó como empleado en una hostería y Francesca consiguió un edificio vetusto de dos plantas y muy espacioso como para poner el negocio de comidas que había planeado y de paso vivir en cualquiera de sus espaciosas partes.

Sin embargo, nunca se imaginó que aquí nacería el más famoso de los prostíbulos del puerto “El Paraíso del Bufón”.

Bellas mujeres desfilarían en el escenario y enloquecerían a los usuarios con su desnudez y movimientos corporales.

Y serían las percusiones de un jazz auspiciado por un conjunto de berenjenas sonrientes los que amenizarían el lugar.

De aquí, al calor de las copas, del humo de la marihuana y el opio, nacerían los planes para matar.

Aquí se darían cita los políticos en el poder, los encargados de guardar el orden y de acallar bretes de los liberales.

Don Ángel Baroja y Fraga era un hombre carismático que apareció de la nada y mucho tuvo que ver con el nacimiento del Paraíso del Bufón.

Lo visualizó antes que naciera como prostíbulo y su orientación estaba inspirada en las delirantes noches babilónicas de París.

Quizás lo vivió o imaginó, de cualquier manera implicaba convertir el lugar en un templo de placer ilimitado, similar al de aquellos escenarios europeos donde al compás del bongó, el ébano y el marfil solían retorcerse con formas de mujer.

Tampico era el reflejo de los conflictos revolucionarios y gozó el triunfo de don Porfirio contra Madero en su momento y vivió su desconsuelo cuando se habló de fraude electoral.

La renuncia de don Porfirio y la asunción al poder de Francisco I. Madero estaba en la boca de todos y todos se cimbraron al conocer la caída y asesinato de Madero y demás a manos del usurpador.

Los que respiraban conciencia en Tampico, hablaban en la plaza de armas y no era para alabar a los revolucionarios, si no todo lo contrario, decían que mientras ellos se mataban entre sí disputándose el poder, los magnates de los minerales y del petróleo saqueaban las riquezas de los mexicanos.

José Bardasano hijo de Francesca Tarnovo creció y se enamoró de la madame Fouché estrella porno del Paraíso del Bufón y sin que ella lo supiera trató inútilmente de llamar su atención.

Tuvieron que pasar varios años para conocerse más allá de las informalidades y darse cuenta que eran el uno para el otro.

Vivieron rupturas a causa del malvado proxeneta vomitado por el mar y con la atropa belladona murieron en una acción regresiva programada por él.

No obstante, la diferencia del tiempo que les quedaba, les daba certeza de asistir la muerte del otro. Y fue primero ella y José enloqueció de dolor y luego él sin que nadie le llorara.

José permaneció las tardes que le restaban en la banca frente a la iglesia y la última vez ya era de noche. En esa ocasión y sabiendo que le quedaba un día de vida, escuchó al “Gran Caruso” interpretar su Torna a Sorrento.

José se recargó muy agotado, cerró sus ojos, pensó que la melodía provenía de algún lugar donde los mortales y de paso creyó soñar con la madame. Sin embargo, José no se había dado cuenta que estaba muerto y era su muerte la que cargaba con sus memorias.

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