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La escenificación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa es una ceremonia que mueve a miles de personas año con año, desde mediados del siglo XIX. En sus inicios esta representación se hacía dentro de la iglesia; poco a poco ganó las calles y se asentó en espacios públicos como el Jardín Cuitláhuac y el Cerro de la Estrella.
La celebración conjuga vivos sentimientos religiosos, participación comunitaria y tradiciones populares. Su origen es la demostración que los iztapalapenses de aquella época encontraron para expresar su agradecimiento a Dios ante el término de una epidemia de cólera que devastaba a la población.
En la organización y realización de esta festividad participan los vecinos de los Ocho Barrios del centro de Iztapalapa -La Asunción, San Ignacio, Santa Bárbara, San Lucas, San Pablo, San Miguel, San Pedro y San José- quienes, con el apoyo del resto de la población y en estrecha colaboración con el Gobierno Delegacional, llevan a cabo la reconstrucción del pasaje evangélico al que se acompaña de procesiones y convivencia en plazas y jardines.
A diferencia de otras representaciones importantes a nivel mundial, la Pasión en Iztapalapa fusiona dos elementos importantes: la tradición católica y la cultura prehispánica, ya que el espacio donde culmina la escenificación -el Cerro de la Estrella o Huizachtepetl- era considerado sagrado por nuestros ancestros. Ahí se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo cada 52 años. En la actualidad los casi 500 personajes a interpretar se asignan, aunque hubo un tiempo en el que pasaban de padres a hijos, hermanos u otros parientes. Para ensayar, un vecino presta el sencillo patio de su casa desde hace sesenta años, donde se monta una mesa cubierta con una tela morada y un crucifijo. Siempre hay una oración antes del ensayo.
El libro que tiene en sus manos es resultado de una selección de fotografías -entre más de cinco mil- que da cuenta de la enorme tradición y significado que la Pasión tiene para sus habitantes y, como todo lo que tiene que ver con ella, muestra nítidamente el ánimo esencial de los iztapalapenses para contribuir a su preservación y engrandecimiento.