SUPLENCIAS DEL NOMBRE DEL PADRE, LAS

SUPLENCIAS DEL NOMBRE DEL PADRE, LAS

Editorial:
SIGLO XXI EDITORES S.A. DE C.V.
Año de edición:
Materia
Psicología
ISBN:
978-968-23-2119-1
Páginas:
214
Encuadernación:
Rústica
Colección:
Psicología y Psicoanálisis
$ 275.00
IVA incluido
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El padre, la cuestión del padre, atraviesa la obra de Freud y los seminarios de Lacan. El padre en Freud, aparece, a simple vista, como un personaje central en el teatro de lo psíquico, pero se trata de algo más estructural: una función en la constitución del sujeto. El actor que en cada uno de los procesos ocupa un papel en el libreto clínico se evidencia como engranaje fundamental en el devenir de las historias. Pero el padre no es nada más esa pieza fundamental para pensar la constitución psíquica del sujeto, sea como función edípica en la interdicción o como voz que irrumpe cuando adopta el tono del mandamiento y la severidad del castigo superyoico; también es el punto nodal de la mitología freudiana del origen: el Padre de la horda primitiva y después Moisés y su asesinato muestran, para Freud, la verdad histórica del padre como fundador de lo social y sus constelaciones. Padre como personaje, función, voz, origen; como fundamento.
En Lacan, no es menos rica y variada la elaboración sobre el padre; desde su ausencia en sus primeros casos de psicosis femeninas hasta su construcción como función simbólica en la propuesta de un tratamiento posible de las mismas. En 1953, la función del padre se escribe todavía con minúsculas pero su intervención, en tanto nombre, sostiene operativamente, desde entonces, el campo de lo simbólico. A finales de la década de los cincuenta, el Nombre del Padre adopta, en el discurso de Lacan, la función de gestar la metáfora y, por ende, los movimientos de la cinética significante. Después, a partir de 1973, los nudos permiten pensar dicha función, del lado de la escritura topológica y abre las puertas a diversas posibilidades de suplencia.
Pero la importancia del padre atañe también a la historia: el Dios pastor, el Padre Primordial, el Moisés egipcio y el último rey de Francia, evidencian que el padre puede perder la cabeza. Hoy en día, el lugar que el padre sostenía en las sociedades griegas y romanas, aquel de fundador de la patria (pater patria) o de eminencia jurídica (Patricio) e incluso quien proponía a la mujer devenir madre por el matrimonium, ha sido reducido a un actor en el núcleo privado de la familia. Pero aun ahí, sus funciones se ven trastocadas por el poder de la iglesia y el estado, por los derechos civiles de los hijos, por el lugar de la madre y su amor irremplazable y, en fin, por la maquinaria científica que propone la posibilidad de sustituirlo por un espermatozoide en sus experimentos de inseminación artificial.
Ante todas estas dimensiones, ¿cuál es el lugar del padre? ¿Puede sustituirse su función? Las suplencias, ¿qué sentido y qué consecuencias tienen? Frente a la ciencia y sus propuestas, ¿puede reducirse la paternidad a una sustancia o tendremos que seguir defendiendo otra materialidad del Nombre del Padre? A todas estas dimensiones se abre el presente texto.

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