RECORDAR A LOS DIFUNTOS

RECORDAR A LOS DIFUNTOS

Editorial:
CONACULTA
Año de edición:
Materia
Ensayo
ISBN:
978-607-745-078-8
Páginas:
232
Encuadernación:
Rústica
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A pesar de los avances científicos y tecnológicos –quizá incluso en parte debido a ellos–, nuestra época se encuentra particularmente mal equipada para lidiar con un tema tan crucial como la muerte, en especial cuando se presenta de manera cercana, incluso íntima. Aunque buena parte de nuestra vida consiste en prepararnos para muchas cosas, la muerte permanece como un tabú pavoroso, y son muy pocas las personas dispuestas a asimilarla de una manera correspondiente a su carácter inevitable. Sin embargo, las consecuencias de un duelo no procesado pueden durar, como lo saben algunos desventurados, por el resto de la vida.

En Recordar a los difuntos, Arnoldo Kraus aborda la decaída y posterior fallecimiento de Helen, su madre de 89casi90 años, con una asombrosa mezcla de la precisión de la mirada médica, combinada con la sensibilidad del literato. El resultado es una lúcida reflexión que reúne la distancia necesaria para poder elaborar sobre un tema tan doloroso, con una mirada entrañable que comprende que en ocasiones el mayor acto de amor hacia los seres queridos consiste precisamente en conseguir desprendernos de ellos, pues «“Morir en paz” es un objetivo que debería integrarse al trajín de la vida.»

Para Arnoldo Kraus, «Los difuntos son parte de la vida, no de la muerte», e incluso en un caso tan próximo como el de su propia madre, postula que si bien en efecto la muerte es la culminación de aquello que llamamos vida, no es solamente eso, pues contiene en sí una dimensión espiritual que trasciende de lejos el final de la vida que se extingue. A la pregunta «¿Hay vida después de la muerte?», Arnoldo Kraus responde afirmativamente, más no desde un punto de vista esotérico, sino a través de la innegable huella que la muerte imprime a quienes han de seguir viviendo pues, nos dice en Recordar a los difuntos, los muertos viven en nosotros como recuerdos, emociones, incluso posesiones, y no es aventurado pensar que uno de los elementos fundamentales de una vida plena pase primero por tener una relación también plena con la muerte.

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