INOCENCIA DEL HAIKU, LA

INOCENCIA DEL HAIKU, LA. SELECCIÓN DE POETAS JAPONESES MENORES DE 12 AÑOS

Editorial:
VASO ROTO EDICIONES
Año de edición:
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-15168-07-2
Páginas:
211
Encuadernación:
Rústica
Colección:
Poesía
$ 470.00
IVA incluido
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icenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada y doctor en Filosofía, Vicente Haya/Abdelmumin Aya (España, 1962) vive en Barcelona donde imparte cursos de introducción al haiku. También es profesor eventual en la Universidad Nacional a Distancia desde 2005 y conferenciante especializado en diálogo interreligioso.

Autor de más de treinta libros sobre niponología e islamología entre los que se encuentran El corazón del haiku (2002), El espacio interior del haiku (2004), Haikus japoneses de vuelo mágico (2005), Haiku-dô: el haiku como camino espiritual (2008), El Islam no es lo que crees (2010), 70 haikus y senryûs de mujer (2011), El arameo en sus labios (2013), Aware. Iniciación al haiku japonés (2013), El tiempo de la Baraka (2014), su última novedad. Además es coautor junto con Xabier Pikaza del Diccionario de las tres religiones (2009), y junto con José Manuel Martín Portales de El Dios de la perplejidad (2010).

Actualmente mantiene el blog El alma del haiku junto con Keiko Kawabe.

La escritura de haikus sigue siendo una parte esencial de la educación básica japonesa. Vicente Haya, uno de los grandes conocedores del género, reparó en que los haikus escritos por niños encerraban más de una enseñanza. «Solo los verdaderos poetas y los niños –únicamente los que sienten en carne viva– son capaces de ver el mundo: los demás estamos desahuciados», afirma Vicente Haya quien, con un punto de sana provocación, invita a distinguir un haiku escrito por el clásico Buson de otro obra de un niño de nueve años.

El haiku rechaza las imágenes poéticas, no requiere erudición; ¿qué mejor forma de canalizar la pura imaginación del niño? Escribe una niña de seis años: «Las hormigas en fila / suben por una hoja de hierba... / y enseguida bajan». Y un niño de siete años: «Mientras me reñían / por haber cogido el girasol, / yo miraba la flor». El lector tiene entre sus manos una singular lección de poesía y vida en forma de colección de espléndidos poemas. Que sean niños los que los han escrito es lo de menos. Y lo de más.

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